Benefícios para el pie

En el primer año de vida al bebé le va bien estar descalzo todo el tiempo que sea posible. Sus pies solo necesitan protección térmica, la función del calzado es simplemente la de proteger del frío. Si lleva zapatos, deben estar elaborados con materiales naturales y flexibles que permitan la transpiración y la libertad de movimiento.

Nuestros zapatos cumplen estas características. Por su flexibilidad y ligereza, permiten cualquier movimiento de pies y tobillos. Los materiales que usamos, piel natural y lana virgen, son termorreguladores y transpirables.

 
Cuando el bebé empieza a gatear, el calzado debe ser flexible en su extremo y en todas las direcciones, con áreas de agarre en la zona con la que el bebé empuja al gatear, para que no resbale.

Nuestros zapatos son perfectos para esta etapa. Son flexibles y antideslizantes. Con su cierre elástico no se caen y permiten, igualmente, total libertad de movimiento de pies y tobillos.


Los primeros pasos los dará el niño de forma natural entre los 12 y los 18 meses.
Cuando el niño empieza a ponerse de pie y da sus primeros pasos, los músculos de los pies se adhieren al suelo y los dedos se separan para que el niño tenga equilibrio y control. Con una suela rígida, los músculos y los dedos no pueden operar de la misma manera, ni tampoco los tobillos y por tanto los pies no tienen la fuerza suficiente para mantenerse derechos.

Nuestros zapatos de suela blanda permiten  una adherencia óptima al suelo. Al caminar el niño nota con la planta del pie el suelo y puede flexionar y extender los dedos. Esto permite que los pies y tobillos adopten una postura natural, necesario para un buen desarrollo de los músculos y los huesos junto con el resto del cuerpo, especialmente la columna vertebral.


Cuando el niño ya camina solo, y durante toda la infancia, nuestros zapatos de suela blanda son muy recomendables como zapatillas para estar por casa. Cuando el niño sale a la calle, es obvio que necesita un calzado con una suela más gruesa, que dé más protección. Pero no hay que olvidarse que el calzado para la calle sirve para eso, proteger el pie contra golpes, el frío y la humedad y que sólo debe ponerse unas horas al día. En casa, y siempre que sea posible, el pie debe estar más libre.

Nuestros zapatos de suela blanda dan esta libertad y mantienen el pie caliente. Permiten que el niño camine como si fuera descalzo y note toda una serie de estímulos y sensaciones que debe percibir del suelo (por ejemplo las irregularidades) y le ayudarán a desarrollar sus reflejos, destreza y equilibrio.

Fisioterapeutas y quiroprácticos recomiendan este tipo de calzado no sólo para bebés y niños sino también para adultos, porque permite una postura natural de los pies y mantener la espalda recta.

 

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